Tercer día en Taman Negara, segundo tour. Esta vez íbamos a las cuevas Telingga donde veríamos murciélagos y otros bichos de mal nacer.
Por la mañana la primera sorpresa fue la "exclusividad" de nuestro tour: sólo Anna y nosotros. El guía, sin ser el mejor que hemos tenido, era simpático y disfrutaba con su trabajo.
Llegamos a la cueva a través de un camino en la jungla que nos pareció más auténtico que el segmento que vimos ayer en el trek del Canopy. Vimos una avispa enorme matando (lentamente) a una especie de tarántula peluda y enorme, hormigas gigantes y otras que mordían, judías gigantes de color fucsia…además de los sonidos típicos de la jungla que salen en cualquier peli de Rambo y similares.
Pero nada de sanguijuelas (y eso que anoche llovió). Casi es una lástima, pero seguro que nos las encontramos tarde o temprano.
Al llegar a la cueva un grupo de chinos hizo que esperásemos unos 10 minutos con el objetivo de dejarlos pasar. No paraban de gritar, reir, y de hacer todo lo posible por jodernos el día espantando a los pocos bichos que pueden verse.
Al final entramos en la batcueva en un relativo silencio y fuimos recompensados con una tímida serpiente de tamaño nada despreciable. En España es la que dices "Vaya pedazo de bicha!", pero aquí ya nos hemos acostumbrado al tema de los tamaños (escarabajos de medio kilo)
El acceso a la cueva no fue fácil y la excursión incluyó:
En definitiva, una experiencia genial. Algo sucia, pero genial.
El guano huele fatal y los murciélagos son horribles, pero son hasta tiernos cuando los ves con sus bebés colgando (vimos una escena maternal vampírica la mar de tierna).
Aún así, hemos decidido no cambiar al gato por un murciélago.
A la vuelta pasamos por otro poblado Orang Asli. Estos eran diferentes a los que vimos en Cameron Highlands. Son nómadas (aquellos eran sedentarios) y mucho más primitivos que los anteriores (a pesar de estar "modernizados" por el contacto con los turistas).
No nos imaginamos cómo deben ser los que viven de verdad en medio de la jungla sin contacto con nadie. No los tienen ni censados. ![]()
Era como estar en una peli de aborígenes. Las mujeres con las tetas al aire, los niños desnudos y las casas (chozas) construidas para durar unos 6 o 7 meses.
La verdad es que esperábamos un tour muy empaquetado y nos ha sorprendido una experiencia auténtica (todo lo auténtico que se puede tener sin pasar semanas en la jungla). Malasia tiene esas cosas, hay que reconocerlo.
Llegamos a Taman Negara después de un largo y ajetreado viaje, exactamente a Kuala Tahan, el pueblo antes de cruzar el río y llegar al parque nacional. Anna y los bichos nos dirigimos en busca de hostal.
Encontramos perdido en un caminito el hostal Tahan, hiperhippie, pintado de colores y con peluches colgados del techo de la recepción. El sitio era tranquilo, limpio y muy acogedor; nos lo quedamos.
El pueblo es muy pequeño y con sólo dos tiendas, aunque lleno de restaurantes, pero nos da igual: odiamos la comida asiática. Lo recorrimos en 10 minutos y casi todo el barullo está en los restaurantes y tiendas flotantes que se sitúan a lo largo del río (son flotantes porque tienen que moverse a otra parte del río durante los monzones, en plan aves migratorias).
Contratamos un trekking al día siguiente a lo que llaman Canopy Walk, es decir, caminar por encima de los árboles a través de una red de puentes colgantes.
Para hacer trekking se requieren 2 cosas: mucha agua y un par de botas por si llueve. Las botas sólo sirven para protegerte del barro pero no de las sanguijuelas, que son capaces de viajar contigo sin que te des cuenta en sitios muy muy íntimos. Nosotros no teníamos botas pero por suerte hizo sol y durante el trekking del primer día no vimos a ninguna sanguijuela.
El paseo por los puentes colgantes a unos 45 metros de altura es impresionante y por muy arriba que estés, aún hay árboles que siguen ascendiendo. La parte negativa es que sólo vimos muchos insectos, nada de animales, que se mantienen alejados de las hordas de turistas que pasan como Atila con cámaras y gritos.
Después de caminar 3 horas por la jungla nos dimos cuenta de que no estamos en forma para caminatas más largas; aún así decidimos irnos al día siguiente a la cueva Telingga.
Dejamos atrás la jungla de Cameron Highlands para dirigirnos a las Islas Perhentian. Son dos islitas al norte de Malasia (nosotros fuimos a la pequeña) que según todas las guías cumplían con el molde local de playa perfecta: arena blanca, aguas cristalinas, palmeras.
Éstas, como factor diferencial, ofrecían un estado de desarrollo muy primitivo: ni carreteras, ni coches, ni electricidad (excepto por los generadores) ni cajeros…Uno espera algunas desventajas de un sitio tan poco desarrollado, pero nosotros teníamos mono de "Robinson Crusoe" y queríamos ver una isla más o menos virgen (además, y quizás la razón principal, hay muy buenos fondos marinos y ya tenemos mono de inmersiones!)
Pues bien…ni una cosa ni la otra.
El aparato turístico de la isla se ha desarrollado muy mal, ni mucho ni poco: mal. Todo está sobre la playa (Long Beach): restaurantes, chiringuitos, escuelas de submarinismo, hostales…todo. Y cuando decimos sobre la playa queremos decir eso: sobre la misma arena. Da la sensación de que la playa está completamente abarrotada de cosas. Muy lejos de aquellas playas de Ko Pha Ngan (que las guías de viaje tachan de "sobreexplotadas") donde solo veías arena y cocoteros, en estas ves tiendas, basura y anclas. Si, anclas.
Esa es la segunda parte. Si la playa está invadida de tiendas y bastante basura, el agua está completamente invadida por los barcos. No hay una zona para los bañistas, así que la sensación es que tu ahí estás de más.
A todo esto se nos sumó un tiempo horrible. Llovió todos los días que estuvimos en la isla (lo que precipitó que nos fuésemos a los 3 días). Ni pudimos hacer submarinismo (el mar estaba fatal) ni bañarnos en la playa. Incluso presenciamos un tornado.
Las restricciones de electricidad nos hacían salir del hostal (el más deprimente en el que hemos estado) y por suerte encontramos a Anna, una chica catalana con la que hicimos buenas migas. Las charlas con ella y con otras chica (Jio y Herta) hicieron que los días pasaran más deprisa en nuestra pequeña paraíso-cárcel.
Al tercer día decidimos salir hacia Taman Negara (un parque nacional con el "Rain Forest" más antiguo del mundo (130 millones de años). Anna iba al mismo sitio y decidimos ir todos juntos.
De momento Malasia está siendo un contínuo sube y baja. Penang no nos gusto; Cameron Highlands si. Perhentian no ha sido nada del otro mundo…y Taman Negara promete mucho.
País de contrastes…
Nos levantamos con el ruido de los pájaros y el de los guiris que desayunaban para empezar sus excursiones. Nosotros habÃamos decidido tomarnos la mañana libre para no hacer nada.
Después de la comida comenzaba nuestra aventura: Ãbamos a visitar un poblado de los indÃgenas Orang Asli, que se encuentran repartidos por las junglas de toda Asia.
Emprendimos el viaje en un 4×4 por caminos no asfaltados, el viaje era muy movido, tanto que a veces saltábamos de los asientos y nos golpeábamos la cabeza con el techo. Después de una hora más o menos de viaje llegamos al poblado.
La tranquilidad era fantástica, rodeados de jungla y de arañas gigantes (estaban en la telaraña y no eran venenosas). HabÃa animales de granja, perros, niños corriendo semidesundos y adultos construyendo una casa tÃpica.
Las casas se construyen con madera y bambú, elevadas sobre el nivel del suelo para que pase el agua en la época de lluvias, para guardar a los animales y para mantenerlas frescas. En este poblado sólo habÃa unas 16 casas, y vivÃan unas 100 personas, por lo que es fácil deducir que en cada casa vive mucha gente.
Los jóvenes han optado por una vida más moderna y con más facilidades, por lo que pidieron al gobierno la construcción de escuelas y tiendas de alimentos. Los mayores prefieren una vida más tradicional por lo que siguen recolectando, pescando y cazando con cerbatanas.
Nosotros probamos la cerbatana, Sebas acertó a la primera; yo al primer intento casi mato una gallina y el segundo se desvió ligeramente de la ruta planificada. Aún asà es emocionante dispararla, tiene unos dos metros de largo y es muy ligera, el dardo sale disparado sin darte cuenta.
Casi todos los instrumentos ya sean de música (incluyendo una flauta que se toca con la nariz), ya sean utensilios domésticos están hechos con madera, bambú o raÃces de ratán. Son increÃblemente sencillos y prácticos, como el Bobo, una cesta utilizada para pescar, donde el pescado entra pero luego no puede salir.
En definitiva la visita mereció muchÃsimo la pena, no sólo por el camino donde pudimos ver frutas, chili, orquÃdeas y otros tantos vegetales, sino por el poblado y la experiencia de poder entrar en su casa, que se nos enseñase como transcurrÃa su vida y conocerles un poco. Pero no seamos mÃsticos, no van en pelotas con taparrabos, llevan camisetas modernas y relojes en las muñecas.
Sin duda lo mejor fué la sensación de que no se trataba (del todo) de una experiencia enlatada como tantas otras que hemos sufrido en busca del “auténtico indÃgena”.
Hemos visto supuestos aborÃgenes en muchos paÃses que al final no eran más que los nietos de los originales siguiendo el guión de algún touroperador y con luces y color de fondo. Nada que ver con lo de hoy. La gente era auténtica y la experiencia es lo más cercano que hemos tenido a un encuentro tipo cultural “National Geopgraphic” en lo que llevamos de viaje.
Nos despedimos de Penang sin demasiada pena. Nada que ver aparte de la diversidad cultural y religiosa…algo que por lo que sabemos no es extraño en el resto del paÃs (además, cuando uno es Europeo, el estilo colonial no le viene de nuevo)
Nos dirigimos a Cameron Highlands (las tierras altas de Cameron = montañas). Concretamente a un pueblo llamado “Tanah Rata”. Los atractivos de Tanah Rata son básicamente 3
La llegada fue lluviosa y surrealista. La buena noticia era que al bajar del autobús, alguien de nuestro hostal estaba esperándonos para llevarnos a salvo de la lluvia (eran 5 minutos caminando). La mala era su amigo y su furgoneta.
Su amigo estaba completamente borracho. Nada importante, siempre y cuando no pienses (como hicimos nosotros al principio) que era el conductor. Mientras esperábamos a que el conductor de verdad (no borracho) llegara, el “amigo” tiró un par de latas (aplastadas con parte de su contenido dentro) al asiento delantero del coche. Suponemos que para venderlas como aluminio. Gran amigo, si señor.
El amigo nos invitó a subir a la furgoneta y desgraciadamente accedimos para conocer el primer circo ambulante de cucarachas del mundo. Un nido entero se habÃa formado en el asiento delantero del acompañante y los pequeños insectos marrones se paseaban de a pares por todo el frontal. Nos sentimos regalados con el espectáculo pero preferimos verlo desde las gradas más alejadas…es decir, fuera de la furgoneta.
Al final llega el conductor y todos (conductor, latas, cucarachas y nosotros) nos vamos al hostal (Daniel’s Lodge). Al llegar leemos un cartel “Que jodan a la Lonely Planet, menudo montón de mierda” (en inglés). Malas vibraciones eh?
La habitación sólo podrÃa ser más deprimente con un muerto colgado del techo y la viuda llorándolo en un rincón. Los lavabos tres cuartos de lo mismo. Nos miramos. Salimos pitando de allÃ.
La providencia quiso que dejase de llover y probamos un hotel sin éxito. Se nos ocurrió volver a la estación de autobuses a ver si quedaban furgonetas a otros hostales. Tuvimos suerte y pillamos la que iba a “Father’s Guesthouse” (recomendada en el montón de mierda…o sea Lonely Planet)
El chofer era amable, la furgoneta limpia y el lugar agradable. La bienvenida fue buena, y aunque la habitación no era una pasada, sentimos que habÃamos ganado mucho con el cambio.
Nos prometieron una habitación mejor para el dÃa siguiente (y la tuvimos), pero la primera noche la pasamos en una especie de “Bunker” de lata. Muy pintoresco.
Decidimos contratar un tour (sÃ, ya…nada de tours…pero esto es la jungla!) para ver las plantaciones de té y la jungla. La excursión era corta, asà que supusimos que no habrÃa tiendas ni rollos.
Fué un éxito. El guÃa era simpatiquÃsimo y todo lo que vimos fué interesante. Las plantaciones de té son realmente bonitas (la pasta de esta se la lleva una escocesa). Son en cierto modo parecidas a las terrazas de arroz, pero se adaptan al paisaje en lugar de modificarlo tanto. Es como una alfombra verde que recubre la montaña.![]()
De ahà nos fuimos a la jungla. Fué un paseo corto e introductorio a las selvas malasias, pero para nosotros fue algo completamente diferente. Aprendimos cosas sobre plantas, animales, hábitats. Muy instructivo y muy bonito.
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Al final te llevan a la factorÃa donde se produce el té (ahora sabemos más sobre té) y te dejan media hora para que te tomes una taza de té con pastelitos (Fani, esta foto es pa ti…es chocolate).
Normalmente ahà se acaba el dÃa.![]()
Peeeeeeeeroooooo….tuvimos suerte. Hoy se celebraba una festividad muy importante para los hindúes (no indÃgenas como se me escapó en el vÃdeo). En cierto modo es parecido a lo que algunos católicos llaman “una promesa”.
Es decir, la señora Juanita de España promete que si la operación de las cataratas le sale bien subirá a no se qué montaña de rodillas. Pos lo mismo, pero a lo bestia. Aquà si tu dios te da algo lo pagas amigo, y taaanto que lo pagas.
Estas son algunas fotos de los dos que este año iban “agradeciendo” los favores recibidos (mientras los demás bailaban y celebraban a su lado). A veces entran en trance. De todos modos, lo mejor es el vÃdeo. No os lo perdáis.
Sandra – Las mayores estupideces se cometen por religión.
Sebas – Las mayores estupideces SON las religiones.
Nos despedimos de Phuket, no sin cierto alivio. El último dÃa lo pasamos encerrados en el hotel intentando recuperarnos de una sopa extraña de noodles y otras delicias. Abandonábamos el paÃs, y eso significa hacer cuentas con nuestro presupuesto. TenÃamos destinados unos 30 € diarios y nos hemos ceñido casi a la perfección…si no fuese por la Ipod que compramos y por los 4 cursos de submarinismo (2 Open Water y 2 Advanced), lo que hace que en lugar de los 900 € destinados a Tailandia, nos hayamos gastado unos 1.700 €. Mal rollo. Pensándolo bien, no nos arrepentimos. Quizás un poco de la Ipod (aunque la verdad es que hace unos dÃas pensamos que el ordenador habÃa muerto y la Ipod hubiese sido lo único que salvarÃa nuestras queridas fotos) pero de los cursos no nos arrepentimos en absoluto, asà que ¡que nos quiten lo bailao! El caso es que sentÃamos que tenÃamos que flagelarnos un poco y cogimos el transporte más barato desde Phuket a Penang (la primera ciudad de Malasia en nuestra ruta) y contratamos un viaje en minibus (es decir, furgoneta acondicionada) de 12 horas. En realidad fueron varios minibuses. De hecho, nosotros cambiamos 3 veces de furgoneta, aunque una chica que nos acompañaba (y que seguÃa hasta Kuala Lumpur) ya llevaba 3 cambios cuando nos encontró a nosotros… El viaje fue interminable, pesado y mal organizado (con esperas ridÃculas y 10 minutos para comer) y con sobornos a los agentes de la frontera de regalo (el conductor sobornaba para pasar a gente de estranqui, pero el soborno lo pagábamos los guiris). La llegada a Penang fue lluviosa (monzónica). A pesar de todo, llegamos. Una vez aquà nos enteramos de que por 10 € más podÃamos venir en avión.
¿Por qué vinimos aquÃ? Las fotos son una pista. La capital de Penang, Georgetown, es un ejemplo muy temprano de globalización. Globalización del siglo XIX ni más ni menos, cuando la Sociedad Oriental de las Indias (las colonias Inglesas) reinaban en esta parte del mundo y usaban Penang (una isla) como puerto de mercancÃas. Eso atrajo a todo tipo de mercaderes (chinos, indios, indonesios, japoneses, tailandeses..y seguro que algún gallego que no sale en los libros) y dió lugar a una ciudad cosmopolita llena de contrastes. Hoy sin ir mas lejos hemos visto mezquitas, iglesias católicas (que se financian con un servicio de parking a falta de financiación del estado, como en España), templos hindúes, chinos y budistas en menos de 3 manzanas. El incienso budista se quema junto a los farolillos chinos mientras la figura de Vishnu cuelga de un árbol (aunque no hemos escuchado cantar a ningún mullah).
Esto es quizás lo más destacable de Penang. El resto son casas con solera, un museo muy bien organizado (para la corta historia que tienen) y algunos templos remarcables. No es espectacular, pero es una buena parada como entrada e introducción a Malasia (unos de los más ricos del sudeste asiático). Notas Personales Para Fani: Hay muchos motivos por los que tendrÃas que seguir con nosotros, aunque si quieres pruebas, aquà tienes una.
Por último, y para Natalia: si te vas a casar, cásate como los Baba Nyonya (los chinos que emigraron a Malasia e Indonesia). Las bodas duran 12 dÃas y te vistes con cosas como estas. ![]()