Bangkok: Luz, color y zumo de sandía

Esta entrada pertenece a la serie Tailandia
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Como ya anunciamos, nuestro cambio de planes nos ha traído a Bangkok antes de lo esperado. Llegamos a la megalópolis el 19 de marzo por la noche. El hostal que nos gustaba (Shambara) estaba ocupado esa noche, así que cogimos uno cerca del aeropuerto que no se veía demasiado mal por Internet y era del mismo precio (600 baths la noche para los dos, unos 12 euros)

El lugar (Sukhumvit Soi 1Backpackers Hostel ) era un antro. Oscuro, aparentemente sucio y con una luz mortecina en la recepción que hacía que ese (el lugar que debía ser el más agradable del hostal) te diesen ganas de salir corriendo a las habitaciones. En cuanto lo hacías, te encontrabas con 4 literas en 15 metros cuadrados. Por suerte las camas eran blandas y el aire acondicionado funcionaba.

Al día siguiente salimos pitando de allí hacia nuestro querido Shambara. Por el mismo precio tenemos una habitación privada (los lavabos son compartidos, pero muy limpios) con dos colchones en el suelo y un aire acondicionado con el pasamos hasta frío (y «medio desayuno», té y tostadas).

Para llegar al segundo hostal cogimos un bote exprés por uno de los canales de la ciudad. Un viaje divertido, en el que uno de los locales nos ayudó con las paradas. Su amabilidad (genuina) nos hizo bajar la guardia, y enseguida teníamos a otro lugareño ayudándonos con el mapa. Nos dijo donde estaba el hostal y donde la oficina de turismo. Lo segundo nos pareció genial, porque teníamos muchas dudas sobre la ciudad, excursiones, etc…

El sujeto en cuestión «negoció» un tuc-tuc para nosotros por 20 baths hasta la TAT (Tourism Authority of Thailand). Todo de color de rosa.

En cuanto subimos al tuc tuc le dije a Sandra

– Esto es un timo. Nos quieren llevar a una agencia de viajes como en la India.

Pero allá íbamos, más que nada porque la supuesta oficina estaba cerca de nuestro hostal y teníamos tuc tuc barato.

Llegamos a la «oficina estatal» y un gordito nos atendió «simpáticamente». Esto lo entrecomillamos porque su simpatía era muy extraña. Muchos chistes estúpidos y demasiadas confianzas. Nos dieron agua fresca y alguna que otra información.

Según este señor (que dijo trabajar para el gobierno), el tren para Ayutthaya costaba 480 baths por persona y trayecto. En total, unos 1.820 baths ida y vuelta para los dos. Él nos ofrecía el tour todo incluido por 2.000 baths por persona…bastante razonable…Eh! Espera un momento…¿El gobierno ofrece tours haciéndole la competencia a las agencias locales? Umm…

Con los números en la mano la cosa marchaba viento en popa…Hasta que empezamos a hablar de fechas. Después de explicarnos que el domingo y el lunes no se podía ir…nos dice que el sábado estaba lleno. O sea, que lo hacíamos al día siguiente (viernes) o ya nada hasta el martes. Y cuando dijimos el martes, nos dijo que sería más caro (por algún rollo que no entendimos). Total, tenia que ser el viernes.

Dijimos que queríamos pensarlo un rato, que lo llamaríamos por teléfono. No se aceptan reservas por teléfono, y hay que avisar un día antes, antes de las 11:00. Qué casualidad, eran las 10:50!!

Después de todo esto, el timo era más que obvio. Cuando le dije a Sandra tres veces «Vámonos de aquí», el tío empezó a perder la simpatía y los papeles. Estaba claro que había perdido el timo, y ya no le interesaba tenernos allí.

Sandra salió cabreada, con los timadores y consigo misma por caer de nuevo en lo mismo después de tanto tiempo de viaje. Yo salí cabreado con los tipos estos que dan mala imagen a un país. Si llegamos a caer qué? Nos enteramos al día siguiente de que los trenes cuestan 20 baths (y no 480) y de que está abierto todos los días…y pillamos un cabreo de la hostia y salimos diciendo que el país está llenos de hijos de puta. En fin…espero que no les vaya nada bien. Por suerte nos libramos de esta (aunque es una batalla, no la guerra…los timos son constantes en toda Asia).

Sin ser tan pesados como los vietnamitas intentando vender TODO el tiempo, aquí prefieren estrujar al turista a base de timos de todo tipo. Desde el tuc-tuc que te lleva de tiendas sin que lo pidas (por una comisión) al que te informa de que la atracción que vas a ver está cerrada pero que él sabe de otra mejor…Es un no parar.

Aún con todo, Bangkok nos encanta.

Tiene lo mejor de Vietnam (el ambiente, el movimiento constante, el caos en algunas partes, la buena comida de la calle, los precios bajos, las zonas de mochileros) y de China (es organizado, limpio, conducen civilizadamente y encuentras todo lo que busques), con el añadido de un distrito comercial como no hemos visto en ninguna otra parte (hay centros comerciales con 1.300 tiendas dentro). Pa volverse loco.

Nuestra segunda noche fué en Khao San Road. Es una «mítica» calle de mochileros, que ahora es más bien un parque temático de turistas. Es la leche. Tiendas, chiringuitos de comida, bares, tatuajes, rastas, carnets falsificados…nos encanta.

De hecho, nos hemos agenciado dos carnets de estudiantes internacionales falsos que van a ahorrarnos algunos euros en países más caros (Australia, Japón, USA, etc.)

Comimos en Khao San Road todos estos días hasta la fecha. La media es de 100 baths por persona y comida (comiendo mucho), aunque a veces por 50 baths por persona (1 euro) comemos y bebemos bien.

Lo único que nos hace volver al remanso de paz que es nuestro hostal es el calor. 35 grados que se sienten como 40 por la humedad y que nos tienen deshidratados constantemente. Viva el aire acondicionado y el zumo de sandía!

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