No Shopping Tour (Jiuzhaigou)

Esta entrada pertenece a la serie China
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Nos levantamos tempranííííííísimo para tomar el avión a Chengdu. En una hora y veinte minutos estábamos embarcados, volados, desayunados, aterrizados y con las maletas. La eficacia china a veces da miedo.

Llegamos a nuestro hostal: The Loft Hostel. Un edificio rehabilitado que antes era una imprenta y que conserva todo su ambiente industrial y oscuro. Los propietarios han insistido en conservar (y aumentar si cabe) el rollo “industrial” que el edificio tiene, creando un ambiente que a nosotros no nos pareció nada acogedor. Nos sentíamos como en una cárcel.

Decidimos contratar el Tour a Jiuzhaigou, un parque natural situado a unos 580 km de Chengdu, muy cerca de Lhasa (capital del Tíbet) por 1.000 yuanes (unos 100 €) por persona. El tour duraba 4 días e incluía casi todas las comidas y el alojamiento. Nos aseguraron (las 3 veces que preguntamos) que no nos pasearían por tiendas (“No shopping tour”). Era un poco caro, pero no queríamos perder más tiempo planificando y buscando por nuestra cuenta, y teniendo en cuenta que la entrada al parque ya costaba sus 260 yuanes, la cosa estaba bastante bien.

El tour en cuestión se desarrolló de la siguiente manera:

Día 1

Nos despertamos temprano. El que nos viene a buscar en una furgonetita (en la que ya nos veíamos viajando 10 horas) llega tarde para llevarnos al autobús de verdad. Cuando llegamos el autobús está lleno de chinos. Somos los únicos “demonios extranjeros”. Genial.

Todos los asientos están cogidos de tal manera que Fani queda rodeada de chinos. Sebas y Sandra se quedan más adelante. A los pocos minutos el autobús arranca y la china (la guía) que a partir de ahora será Chucky III (así bautizamos a las personas que nos dan la bara) se pone A CANTAR. Canta una canción pastelosa en plan manga (los que vean manga me entenderán). Para hacerlo más dramático le ponen un efecto de eco…todo muy chino.

En las siguientes 11 horas el viaje se desarrolló así: Chucky cantaba, contaba chistes, etc. Parábamos cada 2 horas para que Sandra y Fani rompiesen sin parar el récord del lavabo más infecto. Cuanto más cerca de nuestro destino, peor las caras que tenían ambas al salir de esos sitios infectos. Mientras escribimos esto, aún suspiran por el trauma.

La comida era asquerosa. La peor que hemos probado, y a unas horas ridículas (comer a las 12:00 y cenar a las 18:00). Teníamos 15 minutos para comer (a los chinos ese tiempo les sobraba para acabar con todas las cosas asquerosas que ponían sobre la mesa).

El conductor quiso ayudarnos en la tarea de hacer las comidas más agradables, conduciendo despacito y tomando las curvas con cuidado, sin poner en ningún momento nuestra seguridad en peligro y sin mostrar un evidente desprecio por la vida (Ja Ja!). Los kamikazes retirados ahora trabajan de conductores de autobús.

Al final llegamos a nuestro hotel. Según el tour, un hotel 3 estrellas. Entre sus “comodidades” encontramos un camastro de madera y sin colchón en el que se suponía iba a dormir uno de nosotros. Agua caliente sólo disponible a partir de las 17:00 y calefacción (bomba de aire templado) a partir de las 20:00. Una maravilla.

Pasamos frío pero dormimos de puro cansancio. La cena fué traumática, como de costumbre.

Día 2

Nos dicen que nos levantemos a las 08:00, que desayunaremos a las 08:30 y saldremos a las 09:00. La verdad es que nos despiertan por teléfono a las 7:50, desayunamos a las 08:10 y estamos en el autobús (los últimos ) a las 08:30.

El desayuno consiste en: cacahuetes, huevos duros, pan crudo, arroz y otras cosas picantes y asquerosas que no osamos probar.

Llegamos al parque. De camino todo era tibetano. Las casas, las banderas típicas con pregarias (torchof), la gente vestida con trajes tradicionales. En realidad, esta es una parte del Tibet que China se adueñó no hace mucho, por la fuerza y sin que la Comunidad Internacional dijera ni pío.

Dentro del parque un miniautobús nos llevaba de un punto de interés al siguiente. De algún modo conseguimos meter 30 chinos en una furgoneta. Parecía un programa de “Qué apostamos”, y ganaron los chinos.

Aparte de todo lo que podamos quejarnos sobre el tour organizado y cómo la Chucky III nos achuchaba para pasar de un sitio a otro, el parque nos impresionó muchísimo. Las fotos hablarán por sí mismas, pero como siempre y cuando se trata de paisajes naturales, lo fotografiado no hace justicia.

Día 3

Sorpresa! Después de varios intentos para hacernos pagar por varias cosas que se suponían incluidas, Chucky III nos llevó de compras (sí, en nuestro “no shopping tour”).

Nos entretuvimos buscando el objeto más caro para dejar pasar el tiempo mientras los chinos arrasaban el local de souvenirs. La primera en ganar fué Sandra, pero al final Fani encontró la pulsera de 5.600 euros. No era horrible, pero parecía una baratija de las que se compran en las tiendas de todo a 100.

De ahí nos llevaron al Mu Ni Valley, el destino de nuestro segundo día de Tour. Nos llevaron a través de un bosque a una cascada muy chula, en la que nos detuvimos una media hora. Nos extrañó que nos dejaran disfrutarla en paz…pero claro, es lo que hacen cuando TODO el día tiene por única actividad ver esa cascada (Zhaga).

Salimos de allí y el autobús inició la ruta al siguiente hotel. Llevábamos unas 3 horas de viaje cuando el autobús se detuvo detrás de 2 camiones que no se movían. Enseguida pensamos que habían atropellado a alguien o que algún autobús como el nuestro de había despeñado (no era nada extraño viendo como conducía nuestro chófer kamikaze). Eran las 18:00.

Después de de que unos cuantos chinos de nuestro grupo saliesen a chafardear, nos trajeron la siguiente foto:

¿Qué es lo que no se ve en la foto? No se ve a nadie solucionando el problema. No se ven sirenas, ni conos ni nada de nada. Fani vaticinó que pasaríamos la noche en el autobús. Sebas pensaba lo mismo. Sandra dedujo que, puesto que había pasado una mujer con una escoba y un recogedor hacia el siniestro, tarde o temprano nos salvaría un ejército de barrenderos (aunque ahora ella insiste en que lo dedujo porque era una carretera transitada).

A eso de las 21:00 decidimos salir a inspeccionar por nuestra cuenta (y a vaciar vejigas femeninas por tercera vez en el día). Lo que vimos fué desesperanzador:

Uno podría esperar que 5 horas después del accidente alguien estuviera haciendo algo no? Pues nada. Ni conos, ni chalecos reflectantes, ni ná de ná. Sólo unos cuantos camioneros mirando el percal y comentando entre ellos (y un montón de riachuelos de gente que meaba por ahí, supongo que de vuelta de la excursión al camión volcado).

Llegamos desolados al autobús, con la absoluta certeza de que hasta el siguiente día por la mañana allí no se movía nada.

Y pasaron las horas…

A las 01:00 subió un policía anunciando que en media hora más o menos vendría la grúa. Evidentemente no nos lo creímos. Y a la media hora, efectivamente, vino la grúa.

Llegamos destrozados al hotel a las 2:30 de la madrugada, para descubrir que nos esperaban con otra cena-trauma. La guía se sorprendió de que a las 3:00 am prefiriésemos ir a dormir que probar esas delicias. Que raros somos eh?

La habitación era sucia y fría. No había agua caliente y la calefacción no daba de sí, pero dormimos como niños.

Día 4

Nos despertamos al más puro estilo militar. Entra Chucky en nuestra habitación (sí, literalmente ENTRA) y nos grita algo en chino. El shock nos deja entre dormidos y cabreados. Sandra entra en su bucle contra la chinilla, y nos duchamos por turnos.

Llegamos a Chengdu a las 15:00, tras un par de comidas-trauma y con ganas de morirnos. Nos dan una habitación húmeda, pequeña, fría y con una ventana mal cerrada. Es lo que pasa con las habitaciones de 1 euro la noche. Pedimos que nos cambien a una con bomba de calor y para 4 personas por 3,5 euros la noche/persona y aquí estamos ahora.

Para acabar la aventura nos desintoxicamos con una merienda en el KFC, un café pijo y una cena en el Pizza Hut (que aquí es un restaurante pijo).

De aquí, la regla número 4 del viaje:

Regla 4: NUNCA contrateremos un tour organizado para visitar algo, excepto si no existe forma humana de hacerlo de otro modo (incluso si el precio de hacerlo por nuestra cuenta es el mismo o ligeramente superior).

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