Fani va a Filipinas: hay un golpe de estado en el paÃs y un tifón.
Fani va a Honduras: Ella y sus compañeros de barco naufragan y acaban en una isla después de 3 horas de navegar sin rumbo.
Fani va al desierto de Mauritania y el coche pincha la rueda 5 veces seguidas. El coche casi vuelca y se pierden.
Fani va a Dakar y hay una epidemia de cólera.
Fani va a Ibiza en barco y a la vuelta hubo una tormenta importante.
Fani iba con nosotros en Chengdu cuando encontramos un camión volcado que nos tuvo 7 horas retenidos en la carretera bajo un precipicio de rocas.
Y por supuesto, vamos nosotros y nos la llevamos a hacer un paseo en barco por el RÃo LÃ. ¿Qué listos eh?
¿Qué podÃamos esperar de llevarnos al Demien moderno a un rÃo? Pues sencillo. Se nos estropeó el barco a los 30 minutos de paseo. Estuvimos 30 minutos observando al desesperado capitán mirar el motor con una mezcla de frustración y cabreo llave inglesa en mano.
Al fin llegó el barco de relevo, y supongo que el barco era demasiado nuevo y el tiempo demasiado escaso para que Fani lo estropease, asà que el resto del paseo fué tranquilo. La belleza del paisaje se ve en las fotos.
Hoy hemos ido en bicicleta a recorrer el “country side” (el campo). A Sebas le ha gustado más que el rÃo. Hemos encontrado abuelos muy tÃpicos que nos vendÃan postales (una corrió detrás de Fani, rompiendo su corazoncito de oso amoroso y haciendo que la abuela se ganase 10 yuanes = 1 euro). Por 5 yuanes más nos ha dejado hacer un paripé con un instrumento para hacer correr el agua y sacarle algunas fotos junto a Sebas.
Las fotos del recorrido son estas:
Hoy, en un dÃa de gran tristeza para los bichos around the world, el equipo de redactores vuelve a quedarse en 2 (el bicho y la bicho). Fani se nos vuelve para España, y para celebrarlo nos hemos metido el último plato de comida cara y occidental de los próximos meses.
Te echaremos de menos peque!
Después de tomar el primer avión de nuestra vida que sale antes de su hora (los chinos son muy achuchados para todo), llegamos a Guilin 20 minutos antes de la hora prevista. En España, si tu vuelo llega a las 13:40 supones que estarás en la puerta del aeropuerto a las 14:30. En China estás montado en el taxi a las 13:30.
Del aeropuerto de Guilin nos trajeron directamente a Yangshuo en taxi (1 hora y 40 minutos, por unos 20 euros). El desembarco en el hotel fué bueno y la ciudad nos gustó a primera vista. MuchÃsimas tiendas de souvenirs, restaurantes con comida occidental y la sensación de haber entrado en guirilandia: PeñÃscola a lo chino.
El entorno es precioso. Montañas kársticas al más puro estilo “Bola de Drac”, rÃos, puentecitos, pescadores con cormoranes, etc. Nos pegamos una buena comida occidental (las chicas aún no se han reconciliado con la cocina oriental) y una cena no tan buena, pero occidental también.
Sin embargo, lo mejor del dÃa fué lo que hicimos entre las 20:00 y las 21:00. Casi de rebote nos enteramos en una agencia de viaje (Uncle’s Sam) que cada noche se representa una función audiovisual con más de 500 actores. Pagamos unos 15 € por persona y fuimos sin saber muy bien lo que nos encontrarÃamos (Sandra pensaba que serÃan fuegos artificiales).
En la puerta nos encontramos un chino-canadiense-hongkonés que nos explicó un poco la trama y otros detalles del show. Lo más destacable era el director: Zhang Yimou, director de pelÃculas internacionales como “La Maldición de la Flor Dorada“, “Hero” o “La casa de las dagas voladoras“.
El espectáculo fué increÃble tanto por sà mismo como por el escenario natural en el que se desarrollaba. Casi todo se ejecutaba dentro del agua o alrededor de la misma, entre picos kársticos y nieblas artificiales. Las fotos no hacen ninguna justicia, y el vÃdeo ha perdido mucha calidad para caber en YouTube. Sin duda es uno de lo mejores espectáculos que hemos visto (Fani sólo lo pone por debajo del Cirque du Soleil, que nosotros tendremos que ver algún dÃa).
Nos fuimos a la cama con muy buen sabor de boca.
Esta vez nos tocó madrugar como va siendo costumbre. La reserva de crÃa y preservación de los osos Panda no está muy lejos de Chengdu, de hecho hemos ido en taxi por 2 euros y medio. Hay que estar temprano en el parque porque los osos panda tienen muy pocas horas de actividad, asà que allà estábamos a las 8 de la mañana.
El parque es grande y puedes pasear entre pasillos rodeados de bambú. Sigue haciendo humedad, por la vegetación y el clima. Después de caminar unos minutos llegamos a ver a los primeros pandas. Exigen silencio y respeto, no les gusta que les molesten, pero se muestran amigables y tranquilos.
Comen alrededor de 40 kilos de bambú por cabeza, pero sólo absorben una mÃnima parte, el 20%. Son tranquilotes, perezosos, no son tan blancos porque se restregan por el barro y bueno como vereis en las fotos, casi siempre comen y luego duermen (serÃa la mascota de Homer Simpson). El Panda más pequeño al nacer pesó 49 gramos, no es nada si lo comparamos con Kobi, el panda más grande del mundo que pesa 142 kilos. Visto asà no son tan gigantes estos pandas.
Nos volvimos locos haciendo fotos a los pandas, de todas las maneras, pero el punto culminante fue cuando vimos a los pandas bebés. Fani y Sandra queremos uno para casa. Son exactamente peluches blanquitos, son juguetones y muy graciosos, una monerÃa pero ohh no dejan hacer fotos; ya que sus retinan son muy sensibles y pueden quedarse ciegos por el flash de la cámara.
Después de la experiencia traumática de no poder llevarnos un par de panditas a casa, fuimos a ver a los pandas rojos, mucho más pequeños. Son más bonitos y mucho más movidos pero no tan famosos como sus hermanos los pandas gigantes. Jamás veremos tantos pandas juntos y tan de cerca.
Puedes hacerte una foto con un panda pagando un módico precio de 100 euracos y no puedes tocar al panda ya que te visten con bata de hospital, polainas y guantes de plástico. Asà que decidimos no caer en la tentación y conformarnos con nuestras fotos. Además no habÃa casi nadie tan temprano y hemos podido disfrutar de los pandas para nosotros solos.
Una gozada, e insistimos…. Sebas, apáñatelas como puedas pero Fani y yo queremos unoooooo.
El 22 de febrero volvÃamos de nuestro fantabuloso tour. Convencidos de no volver a contratar uno de nuevo. Descansamos en el hostal para el viaje del dÃa siguiente.
Nos levantamos sin despertador, no era demasiado tarde ni demasiado temprano. Decidimos desayunar un american breakfast la mar de delicioso después de nuestra tortura china. Se nos hizo tarde. Asà que ese dÃa no pudimos ver los Pandas, porque a las 10 de la mañana empiezan a retirarse para dormir, muy activos estos animalitos.
En lugar de ir a visitar a los Pandas, decidimos poner rumbo al Budha de Leshan, a dos horas en autobús desde Chengdu. Llegamos a las 14:00 al inicio del parque después de un bus urbano hasta la estación de autobuses, allà otro autocar muy cómodo hasta Leshan (2 horitas) , y finalmente otro bus urbano hasta las afueras de Leshan.
Después de entrar en el parque, que era enorme, descubrimos un paisaje increÃble. Selvático, húmedo, tierra roja, niebla, budhas, cuevas… impresionante. Nada más entrar descubrimos unos pasadizos al estilo Indiana Jones, eso sólo era el principio.
Subimos y bajamos mogollón de escalones, no os podéis llegar a hacer una idea de lo intrincado, laberÃntico y misteriosos que era el camino y de lo, porque no decirlo, interminable. Las indicaciones no eran precisamente abundantes y por supuesto nos perdimos unas cuantas veces. Pero después de una hora, y de 2 hÃgados fuera, el de Fani todavÃa se conservaba intacto, llegamos al gran Budha de Leshan.
El budhita mide nada más que 71 metros de alto y es el Budha más grande del mundo. Está orientado hacia el rÃo, con lo que las vistas , aunque con niebla, eran espectaculares.
Nos hartamos de hacer fotos, no sólo el Budha era espectacular, también los numerosos templos que nos encontrábamos por el camino, las interminables escaleras y los encantadores puentes. En total una visita de lo más agradable. El tiempo era justo y estábamos algo perdidos después de caminar y caminar, asà que nos salvaron los chinos con sus bicicletas. Madre qué piernas!!!!.
Nos dejaron a tiempo en la parada del bus donde pudimos conversar con un par de francesitos. Nos quedaba el camino de vuelta, esta vez con fotos tan bonitas como estas.
Nos levantamos tempranÃÃÃÃÃÃÃsimo para tomar el avión a Chengdu. En una hora y veinte minutos estábamos embarcados, volados, desayunados, aterrizados y con las maletas. La eficacia china a veces da miedo.
Llegamos a nuestro hostal: The Loft Hostel. Un edificio rehabilitado que antes era una imprenta y que conserva todo su ambiente industrial y oscuro. Los propietarios han insistido en conservar (y aumentar si cabe) el rollo “industrial” que el edificio tiene, creando un ambiente que a nosotros no nos pareció nada acogedor. Nos sentÃamos como en una cárcel.
Decidimos contratar el Tour a Jiuzhaigou, un parque natural situado a unos 580 km de Chengdu, muy cerca de Lhasa (capital del TÃbet) por 1.000 yuanes (unos 100 €) por persona. El tour duraba 4 dÃas e incluÃa casi todas las comidas y el alojamiento. Nos aseguraron (las 3 veces que preguntamos) que no nos pasearÃan por tiendas (”No shopping tour”). Era un poco caro, pero no querÃamos perder más tiempo planificando y buscando por nuestra cuenta, y teniendo en cuenta que la entrada al parque ya costaba sus 260 yuanes, la cosa estaba bastante bien.
El tour en cuestión se desarrolló de la siguiente manera:
Nos despertamos temprano. El que nos viene a buscar en una furgonetita (en la que ya nos veÃamos viajando 10 horas) llega tarde para llevarnos al autobús de verdad. Cuando llegamos el autobús está lleno de chinos. Somos los únicos “demonios extranjeros”. Genial.
Todos los asientos están cogidos de tal manera que Fani queda rodeada de chinos. Sebas y Sandra se quedan más adelante. A los pocos minutos el autobús arranca y la china (la guÃa) que a partir de ahora será Chucky III (asà bautizamos a las personas que nos dan la bara) se pone A CANTAR. Canta una canción pastelosa en plan manga (los que vean manga me entenderán). Para hacerlo más dramático le ponen un efecto de eco…todo muy chino.
En las siguientes 11 horas el viaje se desarrolló asÃ: Chucky cantaba, contaba chistes, etc. Parábamos cada 2 horas para que Sandra y Fani rompiesen sin parar el récord del lavabo más infecto. Cuanto más cerca de nuestro destino, peor las caras que tenÃan ambas al salir de esos sitios infectos. Mientras escribimos esto, aún suspiran por el trauma.
La comida era asquerosa. La peor que hemos probado, y a unas horas ridÃculas (comer a las 12:00 y cenar a las 18:00). TenÃamos 15 minutos para comer (a los chinos ese tiempo les sobraba para acabar con todas las cosas asquerosas que ponÃan sobre la mesa).
El conductor quiso ayudarnos en la tarea de hacer las comidas más agradables, conduciendo despacito y tomando las curvas con cuidado, sin poner en ningún momento nuestra seguridad en peligro y sin mostrar un evidente desprecio por la vida (Ja Ja!). Los kamikazes retirados ahora trabajan de conductores de autobús.
Al final llegamos a nuestro hotel. Según el tour, un hotel 3 estrellas. Entre sus “comodidades” encontramos un camastro de madera y sin colchón en el que se suponÃa iba a dormir uno de nosotros. Agua caliente sólo disponible a partir de las 17:00 y calefacción (bomba de aire templado) a partir de las 20:00. Una maravilla.
Pasamos frÃo pero dormimos de puro cansancio. La cena fué traumática, como de costumbre.
Nos dicen que nos levantemos a las 08:00, que desayunaremos a las 08:30 y saldremos a las 09:00. La verdad es que nos despiertan por teléfono a las 7:50, desayunamos a las 08:10 y estamos en el autobús (los últimos ) a las 08:30.
El desayuno consiste en: cacahuetes, huevos duros, pan crudo, arroz y otras cosas picantes y asquerosas que no osamos probar.
Llegamos al parque. De camino todo era tibetano. Las casas, las banderas tÃpicas con pregarias (torchof), la gente vestida con trajes tradicionales. En realidad, esta es una parte del Tibet que China se adueñó no hace mucho, por la fuerza y sin que la Comunidad Internacional dijera ni pÃo.
Dentro del parque un miniautobús nos llevaba de un punto de interés al siguiente. De algún modo conseguimos meter 30 chinos en una furgoneta. ParecÃa un programa de “Qué apostamos”, y ganaron los chinos.
Aparte de todo lo que podamos quejarnos sobre el tour organizado y cómo la Chucky III nos achuchaba para pasar de un sitio a otro, el parque nos impresionó muchÃsimo. Las fotos hablarán por sà mismas, pero como siempre y cuando se trata de paisajes naturales, lo fotografiado no hace justicia.
Sorpresa! Después de varios intentos para hacernos pagar por varias cosas que se suponÃan incluidas, Chucky III nos llevó de compras (sÃ, en nuestro “no shopping tour”).
Nos entretuvimos buscando el objeto más caro para dejar pasar el tiempo mientras los chinos arrasaban el local de souvenirs. La primera en ganar fué Sandra, pero al final Fani encontró la pulsera de 5.600 euros. No era horrible, pero parecÃa una baratija de las que se compran en las tiendas de todo a 100.
De ahà nos llevaron al Mu Ni Valley, el destino de nuestro segundo dÃa de Tour. Nos llevaron a través de un bosque a una cascada muy chula, en la que nos detuvimos una media hora. Nos extrañó que nos dejaran disfrutarla en paz…pero claro, es lo que hacen cuando TODO el dÃa tiene por única actividad ver esa cascada (Zhaga).
Salimos de allà y el autobús inició la ruta al siguiente hotel. Llevábamos unas 3 horas de viaje cuando el autobús se detuvo detrás de 2 camiones que no se movÃan. Enseguida pensamos que habÃan atropellado a alguien o que algún autobús como el nuestro de habÃa despeñado (no era nada extraño viendo como conducÃa nuestro chófer kamikaze). Eran las 18:00.
Después de de que unos cuantos chinos de nuestro grupo saliesen a chafardear, nos trajeron la siguiente foto:
¿Qué es lo que no se ve en la foto? No se ve a nadie solucionando el problema. No se ven sirenas, ni conos ni nada de nada. Fani vaticinó que pasarÃamos la noche en el autobús. Sebas pensaba lo mismo. Sandra dedujo que, puesto que habÃa pasado una mujer con una escoba y un recogedor hacia el siniestro, tarde o temprano nos salvarÃa un ejército de barrenderos (aunque ahora ella insiste en que lo dedujo porque era una carretera transitada).
A eso de las 21:00 decidimos salir a inspeccionar por nuestra cuenta (y a vaciar vejigas femeninas por tercera vez en el dÃa). Lo que vimos fué desesperanzador:
Uno podrÃa esperar que 5 horas después del accidente alguien estuviera haciendo algo no? Pues nada. Ni conos, ni chalecos reflectantes, ni ná de ná. Sólo unos cuantos camioneros mirando el percal y comentando entre ellos (y un montón de riachuelos de gente que meaba por ahÃ, supongo que de vuelta de la excursión al camión volcado).
Llegamos desolados al autobús, con la absoluta certeza de que hasta el siguiente dÃa por la mañana allà no se movÃa nada.
Y pasaron las horas…
A las 01:00 subió un policÃa anunciando que en media hora más o menos vendrÃa la grúa. Evidentemente no nos lo creÃmos. Y a la media hora, efectivamente, vino la grúa.
Llegamos destrozados al hotel a las 2:30 de la madrugada, para descubrir que nos esperaban con otra cena-trauma. La guÃa se sorprendió de que a las 3:00 am prefiriésemos ir a dormir que probar esas delicias. Que raros somos eh?
La habitación era sucia y frÃa. No habÃa agua caliente y la calefacción no daba de sÃ, pero dormimos como niños.
Nos despertamos al más puro estilo militar. Entra Chucky en nuestra habitación (sÃ, literalmente ENTRA) y nos grita algo en chino. El shock nos deja entre dormidos y cabreados. Sandra entra en su bucle contra la chinilla, y nos duchamos por turnos.
Llegamos a Chengdu a las 15:00, tras un par de comidas-trauma y con ganas de morirnos. Nos dan una habitación húmeda, pequeña, frÃa y con una ventana mal cerrada. Es lo que pasa con las habitaciones de 1 euro la noche. Pedimos que nos cambien a una con bomba de calor y para 4 personas por 3,5 euros la noche/persona y aquà estamos ahora.
Para acabar la aventura nos desintoxicamos con una merienda en el KFC, un café pijo y una cena en el Pizza Hut (que aquà es un restaurante pijo).
De aquÃ, la regla número 4 del viaje:
Regla 4: NUNCA contrateremos un tour organizado para visitar algo, excepto si no existe forma humana de hacerlo de otro modo (incluso si el precio de hacerlo por nuestra cuenta es el mismo o ligeramente superior).
En su dÃa consideramos gracioso lo de grabar vÃdeos en el Transsiberiano, para colgarlo a nuestra llegada a Beijing el dÃa 7 de febrero.
Poco sabÃamos de lo que nos esperaba, y la cosa empezó a perder su gracia cuando nos quedamos retenidos en la frontera rusa por problemas de visado. Con el tiempo uno recupera la perspectiva y se rÃe de las desgracias pasadas.
Después de una serie de complicaciones técnicas (aún no solucionadas del todo) no hemos podido colgar vÃdeos en estos últimos dÃas.
Para que quede constancia de lo que fué aquella experiencia inolvidable (por lo bueno y lo menos bueno), colgamos aquà los vÃdeos que hicimos (del dÃa 1 al 5…del dÃa 6 al 8 no grabamos nada)