enero
19
Escrito en Rusia por admin el 19-01-2008

Hoy nos levantamos temprano para ir a ver Peterhof. Como quiera que se trata de unos “jardines” (a 0 grados no creo que esté muy verde la cosa) y un palacio, lo que vimos por la ventana nada más levantarnos no fue muy alentador:

Así que decidimos hacer lo mejor que se puede hacer cuando nieva: NADA. Exceptuando, claro está, la ridícula y minúscula tarea de comprar los billetes de tren a Moscú. Ja Ja.

Llegamos a la estación a las 14:00. Un gran reloj en la pared nos hizo de testigo durante toda la odisea, así que los tiempos estaban controlados.

En la primera cola nos pasamos unos 30 minutos. Al llegar a ventanilla, la conversación fue breve, pero intensa:

Nosotros: English?

Ella: Eh?

Fin del diálogo.

Repítase este diálogo 5 ventanillas y 1 hora más, y se tendrá a dos españolitos muy hambrientos a las 16:00 de la tarde, sin billete, y totalmente desesperados. Incluso en la ventanilla a la que fuimos porque alguien nos dijo “que ahí se habla inglés” (nos lo dijeron diciendo “bla bla bla” y señalando una ventanilla), el chico nos respondió con un NO tajante. Por lo menos no dijo “eh?”, por lo que vamos a pensar que tenía el nivel elemental de inglés.

Nos rendimos. Nos fuimos a comer. Nos metimos 2 panqueques cada uno, uno salado y otro dulce. Volvimos a la carga.

Otra saludable media horita de cola, para que la persona que TAMPOCO hablaba inglés (había unas 10 ventanillas, y llevábamos 6 probadas) nos dijera que no eran esas ventanillas, sino las que estaban en otra sala…

Vueeeelta a hacer cola. Pero esta vez íbamos armados. Llevábamos un papel con todos los datos del tren en plan básico, para estamparlo contra la ventanilla de quien fuera. Apostamos por una chica joven, con la esperanza de que hablase algo de inglés. BINGO!

Diálogo:

Nosotros: Do you speak english?

Ella: Yes.

Nosotros: Really?

Ella: …

Nosotros: We love you!

Y compramos nuestro billete. En tan solo 3 horas!!!!

(Dios nos pille confesados en China)

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enero
17
Escrito en Rusia por admin el 17-01-2008

Como dijimos, el lunes 14 no hicimos gran cosa. Solo salimos a la calle para comprar la comida y registrar la visa. Sin embargo, en St. Petersburgo es casi imposible pisar el centro sin encontrarte cosas impresionantes.

Al día siguiente salimos a buscar una alternativa a nuestro Hostal. No es que el hostal fuera malo en sí, pero su “público objetivo” no éramos nosotros. Está muy bien si eres un veinteañero con ganas de fiesta, alcohol y noches en vela…pero si quieres dormir, no es el sitio ideal. Además, era un poco justito para la cantidad de gente que puede albergar (2 fogones eléctricos, 2 duchas para 40 personas, 1 ordenador para todos y sin wi-fi, etc.)

Encontramos otro hostal, por el mismo precio. Una maravilla. Pedimos que nos devolviesen el dinero en el primero, por las dos noches que no íbamos a dormir y que habíamos pagado por adelantado. Por suerte nos lo devolvieron, y ahora escribimos esto desde nuestro nuevo y cómodo hostal con Wi-fi.

El 16 de enero (ayer) fuimos al Hermitage. Es lo que todo el mundo viene a ver a St. Petersburgo (además de la ciudad en sí misma), y es como el Louvre a París. Las comparaciones con el Louvre no son sólo por el tamaño o la relevancia de sus obras, sino porque, al igual que el Louvre, el museo en sí mismo es una obra de arte.

Y de ejemplo, algunas fotillos:

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Nos pasamos 5 horas caminando dentro del museo. Para cualquiera que no se especialice en el tema es más que suficiente.

Lo que más nos gustó fue el museo en sí, algunos artistas ya conocidos (a mí me gustan las sombras de los Velázquez, y a Sandra le atraen más los cuadros luminosos, aunque en realidad lo que a ella le gusta es el arte moderno). Un artista sobre el que tenemos que investigar más: Renato Guttuso (aunque lo que vimos aquí no lo hemos encontrado entre sus obras más conocidas en Internet)

Vimos a los rusos patinar sobre hielo, algo que acompleja un poco la verdad, y tras la cara de “ni de coña” de Sandra y la idea de que costaría bastantes rublos, decidimos quedarnos simplemente de mirones.

De ahí nos fuimos a la “Iglesia de Nuestro Salvador de la Sangre Derramada” (el nombre es para cagarse, pero es literalmente así). Por lo que se ve, los ortodoxos son aun más animados que los cristianos católicos. Una fiesta, vamos!

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enero
17
Escrito en Estonia por admin el 17-01-2008

La mayoría de gente tendría que mirar un mapa bastante detallado para encontrar Estonia…y no hablemos ya de su capital, Tallin.

Es un país pequeño, sin mucho que ver la verdad. Lo que tiene de bonito lo tiene concentrado (y muy concentrado) en la capital: el casco antiguo (Old City), declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Llegamos a Tallin con un autobús “deluxe”, con Wi-Fi a bordo (por satélite, pero no conseguí que funcionase en mi PC) y lo más importante: enchufes! Pasamos el viaje viendo capítulos de CSI, y el viaje se hizo corto.

Nuestro Hostal fue una sorpresa agradable. Mucho mejor que el de Riga, tuvimos intimidad y buenas camas. Además, estaba en el centro de la Old City, por lo que no tuvimos que caminar demasiado para ver lo mejor de Tallin.

Una de las estampas más bonitas fue la plaza central, que además de bonita, estaba completamente desierta (viajar en temporada baja tiene muchas ventajas)

Después de patearnos toda la Old City, decidimos refugiarnos en un centro comercial (no teníamos hostal y hacía frío). La verdad es que las horas pasaron lentas hasta que decidimos gastarnos (oh, gran lujo!) 3 € en un cibercafé a chatear con Fani y a hacer otros preparativos de viaje.

A las 23:00 tomamos el autobús a San Petersburgo, diciendo adiós a nuestra querida Europa y al espacio Schengen, donde un simple DNI era suficiente para cruzar la frontera.

Llegamos en autobús, esta vez sin wi-fi ni enchufes para ver pelis a bordo, y sin poder pegar ojo en toda la noche. La anécdota de la noche fue el paso fronterizo entre Estonia y Rusia, donde nos sentimos como espías atravesando el telón de acero de la antigua URSS. La cosa no estaba como para sacar fotos, pero en Flickr hemos encontrado algunas:

Llegamos a San Petersburgo a las 06:00 am, con un frío horrible y sin un rublo en el bolsillo. Sacamos 8.000 rublos (unos 222 €) y tomamos el metro hasta nuestro hostal (Cuba Hostel). Nos hicieron esperar a las 09:00 para entrar en las habitaciones…se estaba haciendo eterno, así que fuimos a desayunar al KFC.

En la cola, un ruso borracho me dijo algo así como “Jodido año nuevo”. Y fue entonces que entendimos las luces de navidad aún en las calles. Sin saberlo, habíamos vivido un segundo fin de año: el fin de año ortodoxo. De hecho, llegábamos en pleno día 1 del calendario ortodoxo. Ya van dos fines de año…nos quedan otros dos por pasar :)

Decidimos perrear todo el día. Vimos capítulos de Psych y CSI en el portátil y sólo salimos a comprar la comida y a registrar nuestra estancia (burocracia).

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enero
11
Escrito en Letonia por admin el 11-01-2008

Ya estamos en Riga! Para los que no lo sepan, la capital de Letonia, uno de esos países de reciente creación, resultantes de la escisión de la antigua URSS.

Vinimos aquí como una ruta barata hacia Rusia, pero decidimos quedarnos un par de días para ver el casco antiguo de la ciudad (leímos que valía la pena). La primera noche la pasamos en casa de un CouchSurfer, Ainars Kamalis.

Encontrar la casa fue fácil…pero completamente inútil. Sin un timbre en la puerta del piso, era imposible hacerle saber a Ainars que había dos españoles muriéndose de frío en plena nevada. Después de pedir ayuda a los nativos, encontramos una cabina y pudimos llamar. La respuesta: Ainars no nos esperaba.

Era la primera vez que pedía un sofá en la comunidad de couchsurfers, y no tuve en cuenta que había que CONFIRMAR después de que te digan que sí…sin confirmación nuestro anfitrión pensó que no vendríamos, y lo pillamos literalmente en bragas. No nos esperaba, y estaba con una mezcla de catarro y resaca (de 2 semanas, desde año nuevo) que nos hacían más inoportunos si cabe.

Ainars se portó como un caballero y nos dejó dormir en su casa. Hasta ahí la parte bonita de la historia, esa que habla de hospitalidad y buenas personas. El resto es una versión “amateur” de la “Habitación del Pánico”, versión Letona.

Sobran las palabras de “cómo era la habitación” o “cómo era el lavabo” o la impresión que nos causó una señora “rusa-zombie” que deambulaba por la casa sin hacer otra cosa que mirar al suelo y arrastrar los pies.

Y al que no me crea, que mire nuestra “Suite”

Al final dormimos muy románticamente en el mismo colchón (pocas civilizaciones consideran las colchonetas de camping una cama, y la española no es una de ellas), con sacos de dormir tipo momia que nos daban la misma movilidad que una momia. Encantador.

Apagamos la luz para comprobar que lo que realmente iluminaba la habitación era la farola de la calle de enfrente, que a falta de cortinas nos regalaba con su blanca armonía…sólo interrumpida por los turistas borrachos que a altas horas de la noche seguían de fiesta (algo de admirar cuando nieva a varios grados bajo cero…el alcohol es milagroso en estas tierras)

A pesar de todo, la verdad es que es el mejor comienzo posible. Empezamos este viaje con ganas de aventura, con ganas de sorprendernos (algo cada vez más difícil cuanto más se viaja), y nuestra primera noche será memorable. No podíamos empezar mejor.

El segundo día paseamos por la blanca Riga, visitando algunos monumentos y sobretodo el casco antiguo. Realmente la ciudad se ve en un día, así que decidimos tomar el bus a Tallin mañana temprano. Como despedida, unas breves imágenes de Riga de la mano de mi reportera preferida.

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