Llegamos a la estación donde hacÃa un frÃo de muerte. Las estaciones en Rusia suelen estar plagadas de borrachos e indeseables (y la policÃa no es una excepción al grupo).
Comimos un par de Kebabs y nos montamos en el tren sin demasiados problemas. Eran exactamente tan cutres como esperábamos, ni más ni menos (habÃamos visto fotos en Internet). Nos encontramos con 2 sorpresas: las camas eran durÃsimas y estábamos solos en un compartimento de 4. Una cosa compensó la otra, y en general estuvimos contentos.
Esa misma noche empezó en el vagón la primera fiesta de vodka, en la que preferimos no participar. Nuestros vecinos eran veinteañeros, esa fantástica edad en que uno puede aguantar una resaca de vodka en un tren. Nosotros disfrutamos de nuestra intimidad y vimos alguna peli en el portátil.
Describir cada dÃa es un poco absurdo (estamos escribiendo esto una semana después), asà que hemos filmado una serie de vÃdeos en plan “Diario de abordo”, al puro estilo “Star Trek”, pero por problemas técnicos los colgaremos más adelante. De momento algunas fotos:
Aparte de lo que se verá en los vÃdeos, de vez en cuando podÃamos bajar a comprar comida, estirar las piernas y disfrutar de los 20 bajo cero
Y llegamos a la frontera Rusia-China.