Esta entrada pertenece a la serie Argentina
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Después de padecer todo lo mencionado en el post anterior, nos embarcamos en un avión a San Juan.

La ruta inicial implicaba empezar por Jujuy, pero una de las consecuencias de nuestros vuelos retrasados fué perder el último avión a Jujuy y tener que salir a San Juan…en la otra punta de nuestra planificada travesía). Además, el retraso de 1 día hizo coincidir nuestra salida con el primer dia de vacaciones de invierno de los argentinos, con lo que nos íbamos sin reservas y en plena temporada alta! (olé!)
El vuelo hasta San Juan fué perfecto. Nada más llegar al aeropuerto recibimos la conocida amabilidad de la gente del norte (y aquí no estoy siendo sarcástico). Alquilamos los 2 últimos coches que quedaban en Hertz (en el mini-aeropuerto de San Juan) y quedamos con la responsable de la oficina de turismo de San Juan (Vanesa) que nos esperaba (a todos los turistas) en el mini-aeropuerto.

Por un momento tuve la impresión de ser el protagonista de un remake de “Bienvenido Mister Marshall” 🙂

Nos hospedaron en un hotel en el que cada pareja tuvo su propia habitación (como veremos, esta no es la norma) y nos costó 100 pesos por habitación (unos 25 €). Dimos una vuelta por San Juan y comimos como bestias en un restaurante bastante caro del centro. Nos costó 280 pesos (unos 70 €, menos de 10 € por persona). A veces da vergüenza pagar tan poco por tan buena comida.

El paseo por San Juan nos reveló lo que sería una constante del viaje: tranquilidad, sencillez y gente modesta. También puso de manifiesto que no estamos acostumbrados a vivir sin estímulos constantes.

Finalmente, y de pura suerte, acabamos asistiendo a un concierto de “Chango Spasiuk“, un artista nominado a los Grammy Latinos y con otros premios importantes en su haber (fue compositor de bandas sonoras de Roman Polanski, etc.)

Esto pone de manifiesto una vez más que no vale la pena planificar, y que las cosas que te pasan por puro azar (como encontrarse con un concierto así) saben mucho mejor.

Nos fuimos a dormir entre peleas por la hora a la que tendríamos que levantarnos al día siguiente. La convivencia no es fácil en un viaje con 8 personas (4 parejas).

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