Salimos de Pagancillo en dirección a Talampaya (uno de los momentos más esperados del viaje)
Durante la noche habÃamos hablado de cómo hacer la excursión. Las posibilidades eran 3: en furgoneta, en mountain bike o andando. Al final los abuelos (mis padres) se fueron en furgoneta y nosotros en bicicleta. Nuestros culos se acordaron de la experiencia varios dÃas después de esta decisión
Nada más salir del “campamento base” con las bicicletas nos dimos cuenta de que no iba a ser un “paseo”. HabÃa que pedalear sobre ARENA (literalmente, es como ir por la playa en bicicleta).
100 metros bastaron para demostrar nuestra baja forma y lo mal que nos han sentado tantos kilos de asado y empanadas. Durante un momento alguno se pensó volver atrás, pero el orgullo pudo más y seguimos.
La excursión empezó con explicaciones del guÃa sobre los petrogrifos tallados en la roca por antiguas civilizaciones indÃgenas, pero prontro nos olvidamos del aspecto antropológico de la excursión. En cuanto vimos los primeros cañones toda explicación sobraba.
Las fotos que tenemos ahora no hace justicia en absoluto a lo que vimos, peor la cámara se quedó sin baterÃas y tendremos que esperar a que los demás miembros del grupo nos pasen las suyas.
El caso es que fue impresionante. Quizás no tanto como los glaciares de Calayate o las cataratas de Iguazú, pero desde luego merecerÃa un puesto en las 10 mejores cosas que hemos visto en nuestra vida.
Es un tipo de belleza diferente, muy áspera y un tanto incómoda…pero hipnótica. Se parece bastante a la vida en estos lares: sencilla, áspera y tranquila.
Y para muestra, un botón: